¿Por qué compramos ciertos productos o elegimos ciertas marcas? Este es el tipo de pregunta que los anunciantes siempre se han preguntado. Y no hay respuestas fáciles. Sin embargo, hay una herramienta útil que ayuda a las empresas a explorar ésta y otras preguntas similares y se llama el grupo focal.
Hasta la década de 1940, los estudios de mercado solían ser cuantitativos, usando cosas como cifras de ventas y sondeos para supervisar el consumo. Pero esto cambió durante la Segunda Guerra Mundial. Los sociólogos Robert Merton y Paul Lazarsfeld se propuesieron estudiar cómo la exposición sin precedentes a la propaganda de guerra estaba afectando al público. En lugar de encuestar grandes números de personas con preguntas sencillas y respuestas cuantificables, los investigadores llevaron a cabo entrevistas en persona, a veces con grupos pequeños, involucrándolos en discusiones más abiertas. Más tarde, este método fue adoptado por la industria de la publicidad con la ayuda de consultores como el psicólogo austríaco Ernest Dichter, el primero en acuñar el término "grupo focal".
Esta nueva técnica era un tipo de investigación cualitativa centrada en la naturaleza de las preferencias y pensamientos de la gente. No podría decir a vendedores qué porcentaje de la gente compra un cierto producto o marca, pero podía decirles más sobre las personas que lo hacen, sus razones para hacerlo, e incluso las motivaciones inconscientes detrás de esas razones. En lugar de proporcionar conclusiones definitivas para negocios y ventas, los grupos focales se utilizarían para investigaciones exploratorias, generando nuevas ideas para productos y comercialización basada en una comprensión más profunda de los hábitos de consumo.
Por ejemplo, los primeros grupos de discusión vieron que, en contra de la opinión popular en el momento, las esposas a menudo tenían más influencia que sus maridos al elegir qué coche comprar. Así que Chrysler cambió de marcha vendiendo coches directamente a las mujeres. Y el propio Dr. Dichter dirigió grupos focales para Mattel para saber lo que las chicas querían en una muñeca. El resultado fue la muñeca Barbie original.
Entonces, ¿cómo funciona un grupo focal? En primer lugar, las empresas contratan entre seis y diez participantes según criterios específicos que cumplen con los objetivos de su investigación. Podrían ser madres de niños de entre 5 y 7 años, o adolescentes que planean comprar un nuevo teléfono en los próximos 3 meses. Esto se hace a menudo mediante reclutadores profesionales que manejan listas de personas que han aceptado participar en grupos focales por dinero, u otras recompensas. Durante una sesión, a los participantes se les pide que respondan a varias sugerencias del moderador del grupo, como compartir sus opiniones sobre un determinado producto, o sus reacciones emocionales a un anuncio. Incluso se les puede pedir que hagan tareas aparentemente no relacionadas, como imaginar marcas como animales en un zoológico. La idea es que esto puede revelar información útil sobre los sentimientos del participante que las preguntas tradicionales podrían no revelar.
Más allá de estos fundamentos, muchas variaciones son posibles. Un grupo focal puede tener dos o más moderadores tal vez tomando lados opuestos sobre una pregunta, o un investigador puede estar oculto en el grupo de enfoque sin que los otros participantes lo sepan para ver cómo sus respuestas pueden ser modificadas. Y todo el proceso también puede ser observado por investigadores mediante un espejo unidireccional.
Pero aunque pueden proporcionar información valiosa, los grupos focales tienen sus limitaciones, y uno de las principales es que el simple acto de observar algo puede cambiarlo. Este principio se llama interferencia del observador. Las respuestas que los participantes dan son susceptibles de verse afectadas por la presencia de los investigadores, la presión social del resto del grupo, o sólo saber que son parte de un grupo focal. Y debido a que los investigadores suelen usar una muestra reducida en un entorno específico, es difícil generalizar sus resultados.
Los hallazgos que los investigadores alcanzan de grupos focales a menudo se prueban a través de experimentos y recolección de datos. Los que ponen números en preguntas como cuántos clientes potenciales hay y qué precio estarían dispuestos a pagar. Esta parte del proceso cambia a medida que la tecnología evoluciona. Pero grupos focales se han mantenido sin grandes cambios durante décadas.
Tal vez cuando se trata de las preguntas grandes e importantes, no hay nada que sustituya a gente interactuando entre sí de forma auténtica.
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martes, 27 de febrero de 2018
domingo, 5 de noviembre de 2017
Lenguaje corporal para liderar un equipo de trabajo
Hoy os voy a hablar del lenguaje corporal adecuado a la hora de llevar el liderazgo o las riendas de un equipo de trabajo.
A menudo, en los equipos de trabajo o en equipos informales no existe una figura de líder previamente establecida. Esto significa que el liderazgo deberá surgir de forma natural por alguno de los miembros del grupo. ¿Te gustaría ser tú quien lleve las riendas de tu equipo en esta ocasión? En el artículo de hoy voy a compartir contigo 5 trucos del lenguaje corporal que te ayudarán a ser percibido inmediatamente como un o una líder en ese equipo. ¿Te apetece?
Quieres llevar las riendas del equipo, pero o no confías mucho en que tus habilidades sociales harán el trabajo, o crees que podrás ganarte al equipo pero aun así te gustaría reforzar tu objetivo con tu lenguaje corporal. ¡Perfecto! La estrategia del lenguaje corporal en esta ocasión irá orientada hacia una meta muy concreta: conseguir que las demás personas del equipo te perciban como el o la líder natural, pero que esa percepción sea espontánea y para nada agresiva.
Pues bien… 5 trucos rápidos para esto:
1- Mantén tu cabeza alta para transmitir seguridad y autoconfianza.
2- Mantén tus hombros hacia atrás para dejar ver que no hay nerviosismo ni inseguridad en ti.
3- Evita encorvarte, pues esa es la postura antilíder por excelencia.
4- Inclínate sutilmente hacia delante cuando seas tú quien habla, para generar implicación.
5- Inclínate sutilmente hacia atrás cuando quieras que sean los otros quienes hablen, para darles el turno sin tener que decir nada.
¡Venga! haz la prueba. Practica un poco en casa o con personas conocidas antes de presentarte ante el nuevo grupo que deseas liderar. Luego, lánzate al desafío y vuelve aquí para contarnos cuál ha sido el resultado. Me encantará leer tu experiencia en la sección de comentarios. Y si tú ya eres el líder natural de un equipo, cuéntanos: ¿qué elementos de tu lenguaje corporal crees que han ayudado a que así sea?
Y recuerda: Tienes a tu alcance mucho más de lo necesario para ser feliz. ¡La decisión es tuya!
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